Cambios, biberones y aniversarios
Los cambios casi nunca suelen darse de forma brusca. Lo verdaderamente súbito, violento, es el modo en que nos damos cuenta de que se han producido. De repente, me encuentro en la cafetería del barrio con los amigos de siempre y contemplo, en las mesas aledañas, a los compañeros del colegio lidiando con sus hijos, intercambiando biberones y consejos sobre toallitas higiénicas. Las antiguas melenas heavies se han tornado grises y los agudos más metálicos ya no proceden de la radio sustraída a hurtadillas a algún hermano mayor, sino de los férreos berridos de sus vástagos. En mi propia mesa, observo la abultada barriga de Sonia y me sorprendo. Entre sorbo y sorbo, voy cazando conversaciones sobre posibles nombres para el bebé, ecografías y cunas de Ikea.
Sin ir más lejos, hoy el calendario me revela que han pasado tres años desde que Ale y yo comenzamos a salir contra todo pronóstico y a pesar de aquella declaración extraña en el portal de mi casa. Aquella noche, a Ale se le debieron trabar las ideas y al final terminó hablándome de sentimientos raros y sensaciones anómalas, de tal modo que más que de amor, pensé que me hablaba de fenómenos paranormales. Afortunadamente, el entuerto se deshizo justo a tiempo para darle un beso discreto antes de desaparecer por la puerta del ascensor. Parece que al final nos hemos entendido.






angel-o-demonio dijo
me alegro¡¡¡ :) se os ve felices¡¡¡ bss. mebajo.
14 Mayo 2008 | 07:28 PM