La agenda se despliega ante mí blanca, salvajemente blanca. Me niego a emborronarla con una lista de tareas que no me pertenecen, que no tienen nada que ver con mi vida, con mis necesidades, con mis gustos. La página en blanco es el terreno yermo del tiempo que vendo a mi jefe, tierra baldía donde sólo nacen hilos de tinta azul. Y sí, odio los lunes.
3 comentarios
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Je,je, yo dudo entre los lunes y mi oficina (la verdad es que tampoco tiene mucho que ver conmigo ni con lo que me interesa...)
¿Vienes a quedarte?
algo bueno tendra alguno¡¡¡ :))
Eso espero, aunque todavía no he cogido el ritmo, Haru.
Ángel o Demonio: ¡qué va! ¡Seguro que no!