Llevo casi un mes sin escribir absolutamente nada. Cómo echaba de menos mi coctelera, qué ganas de leer algunos blogs amigos y qué poco tiempo he tenido para ello. Afortunadamente, ya estoy aquí, con más tiempo libre y un millón de ideas nuevas. Sin embargo, paradójicamente, me gustaría comenzar con un post que dejé escrito hace algunas semanas:
No sé si he comentado alguna vez que hablo por las noches.
(Acabo de leer la primera frase y me he dado cuenta de que no tiene nada de particular si no especifico que lo hago mientras duermo).
Retomando... por las noches me convierto en una especie de coctelera parlante que mezcla y cuenta todo lo que le ha sucedido durante el día. El resultado es un monólogo sin sentido y fragmentario, como si estuviera haciendo zapping por todos los rincones de mi mente, o como si encontrara conexiones donde no las hay. Afortunadamente para quienes conviven conmigo, esto no sucede todas las noches, limitándose, casi siempre, a aquellas ocasiones en que estoy especialmente nerviosa, especialmente cansada o especialmente comunicativa.
Hace algunas semanas leí en alguna web (de cuyo nombre no puedo acordarme) que se convocaba un concurso de microrrelatos tan sumamente microscópicos que sólo podían estar compuestos por el título y una frase final. Desconozco el devenir que tuvo aquella información a lo largo del día en el laberinto de mi cabeza, pero, al llegar la noche, ante el estupor de Ale, salí al paso con el siguiente relato:
Parto natural con dolor
Se arrastró hacia la cocina y se tomó dos anti-inflamatorios: uno para ella y otro para el niño que intentaba nacer.

¡Buenos días a todos!