A veces mi padre se queda dormido en el sofá y se depierta sobresaltado, preguntando: "¿Ha venido ya la niña?". Yo, que estoy sentada al lado, e incluso he terminado de cenar, le miro, sonrío y pienso: "La niña ya ha venido... pero ni ella misma sabe que está aquí". Y es que vuelo más alto desde el sofá que sentada en un avión.