Últimamente me sorprendo con la cantidad de spams que tengo que borrar todas las mañanas al llegar a la oficina. Normalmente los borro sin más, sin fijarme en lo que pone, pues básicamente son monotemáticos y no van más allá de la venta de Rollers o viagra. Esto se ve apoyado por el hecho de que no conozco a ninguna Samantha Suárez, Rosa Kensingston, John Key, etc., etc.
No obstante, esta mañana, uno de los asuntos de estos variados e-mails ha saltado directamente de la pantalla del ordenador a mis sensibles retinas:

My boyfriend's phallus is too big for my mout.

¡Qué maravillosa construcción sintáctica! ¡Qué delicadeza semántica! ¡Qué sensibilidad lingüístico-estética! ¡Qué universo simbólico!...

¡Qué ordinariez!

Rehuso leer el cuerpo del mensaje y mejor me pongo a fantasear:

¿Qué quieren decirme con eso? ¿Qué quieren venderme?
Ah, ya sé: un acelerador de partículas ultrasónico que reduce el tamaño de las cosas. Fácil, rápido e indoloro, como las píldoras de Alicia en el país de las maravillas. ¿Que no sabes dónde aparcar el coche? Acelerador de partículas y el coche, en el bolsillo de los vaqueros. ¿Que tu jefe te molesta? Acelerador de partículas y su vocecilla, convertida en un aliento imperceptible. ¿Que el mundo se pone en tu contra? Acelerador de partículas y el mundo, en la palma de tu mano...

¡Qué hallazgo! Ya estoy tardando en pinchar el link que amable y desinteresadamente me indica el spam.