Hoy es jueves 16 de agosto, lo que significa que ayer tuve el día libre y hoy no. ¡Otra vez en el desierto! Los días de fiesta son como oasis en mitad de la semana. Y no me refiero a oasis físicos (piscina, césped -en algunos casos, artificial-, bebidas refrescantes...), sino a oasis mentales. Los días libres son los balnearios de nuestras pequeñas y estresadas cabecitas: no hay jefe, no hay llamadas inoportunas (quitando la de la suegra a la una de la madrugada... ¡hola suegra!), y sobre todo no vemos celdas de excel por doquier. Porque las celdas de excel, ahí donde las véis, tras su sencilla inocencia, esconden la más terrorífica naturaleza: son como los granos de la arena del desierto del Gobi, en versión ofimática, repitiéndose hasta el infinito. Si no llevas provisiones, estás perdido, a saber: chuleta de fórmulas, bebida isotónica, grandes dosis de paciencia y una calculadora, por si al final todo sale mal.
Y si nada de esto funciona, dos velitas y una estampita portátil y ¡a rezar para que llegue pronto el fin de semana!

Son como espejismos, sí... conforme pasa el tiempo los días de descanso no son suficientes ni para hacerte la idea de que ese día no trabajas y puedes descansar...
Visto y no visto... con todo esto, tengo que decir que este día entre semana, ha sido de los más aprovechados, desde el miércoles por la noche hasta ayer a las 00:00. espero que no sea el único !!!
Un saludo
Por cierto, bienvenid@ a la coctelera !!! Espero que tengas muchas visitas, y que tu espacio se haga grande... ciaO !!!
Saludos desde Cádiz y pincha aquí si también te ha sucedido esto ya que a todos nos ha pasado mas o menos lo que cuento en este video. Por su cotidianeidad, por su carácter universal, es fácil que arranque de ti una sonrisa cómplice, mebajoenlaproxima
Muchas gracias, rinconderincones. Eres el primero en entrar en mi blog y me alegra mucho. Sólo espero que los oasis no estén tan cotizados y sean más comunes de lo que promulgan las películas y los cuentos sobre desiertos... De todas formas, veo que los aprovechas bien... ¡qué habilidad!
Jeje, muy bueno, me recuerda a cierto día que llegué al colegio a las seis y media de la mañana. Cuando me di cuenta, y a pesar de que no había nadie despierto en varios kilómetros a la redonda, me dio tanta vergüenza que parecía que me observaban millones de ojos... Por supuesto, no se lo conté a nadie...