Hoy es jueves 16 de agosto, lo que significa que ayer tuve el día libre y hoy no. ¡Otra vez en el desierto! Los días de fiesta son como oasis en mitad de la semana. Y no me refiero a oasis físicos (piscina, césped -en algunos casos, artificial-, bebidas refrescantes...), sino a oasis mentales. Los días libres son los balnearios de nuestras pequeñas y estresadas cabecitas: no hay jefe, no hay llamadas inoportunas (quitando la de la suegra a la una de la madrugada... ¡hola suegra!), y sobre todo no vemos celdas de excel por doquier. Porque las celdas de excel, ahí donde las véis, tras su sencilla inocencia, esconden la más terrorífica naturaleza: son como los granos de la arena del desierto del Gobi, en versión ofimática, repitiéndose hasta el infinito. Si no llevas provisiones, estás perdido, a saber: chuleta de fórmulas, bebida isotónica, grandes dosis de paciencia y una calculadora, por si al final todo sale mal.


Y si nada de esto funciona, dos velitas y una estampita portátil y ¡a rezar para que llegue pronto el fin de semana!