La agenda se despliega ante mí blanca, salvajemente blanca. Me niego a emborronarla con una lista de tareas que no me pertenecen, que no tienen nada que ver con mi vida, con mis necesidades, con mis gustos. La página en blanco es el terreno yermo del tiempo que vendo a mi jefe, tierra baldía donde sólo nacen hilos de tinta azul. Y sí, odio los lunes.
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Ha pasado tanto tiempo que no sé si estreno coctelera en lugar de retomarla. El trabajo me ha tenido sumida en un submundo en el que a los relojes parecían faltarles la mitad de las horas y las agujas corrían por la esfera, azuzadas por la impaciencia de mi jefe, casi tan rápido como yo. No quiero tentar la mala suerte, pero parece que la racha ya ha pasado. Se aproximan brisas suaves y pienso dejarme adormecer sin preocuparme de ser sacudida por algún temporal traicionero. Lástima que el vendaval se haya llevado mis 27 años de un soplo violento y certero. Ahora, de repente, me doy cuenta de que hace ya un mes que cumplí los 28 años. Si no hubiera sido por los regalos y un almuerzo improvisado, todavía estaría diciendo que tengo 27. Creo que, en ese caso, sería la persona más joven en comenzar a mentir sobre su edad. ¿Cómo se llama eso? ¿Mentirosa prematura?
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El trabajo, las horas extras, la obra del piso conmigo en el papel de albañil, pintor y carpintero, la nueva carrera de Filología Hispánica, el novio, los amigos, la familia, la coctelera... Últimamente ando con la sensación permanente de que voy dejando flecos sueltos por todas partes. A cada paso, dejo el suelo sembrado de ristras de flecos que se desprenden a golpe de prisas, horarios impuestos y jornadas inabarcables. Camino sobre alfombras improvisadas de pasados imperfectos y futuros condicionales. Es como un concurso de habilidad perdido de antemano: tan pronto detecto la existencia de un fleco suelto, corro veloz a anudarlo, pero justo en ese momento se suelta otro y tengo que dejar el nudo a medio hacer para atenderlo... Precisamente ahora estoy haciendo un nuevo nudo. Espero poder reforzarlo pronto y escribir y leer muchos posts.
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En Sevilla (y no sé si en otras ciudades) habita una extraña especie de ser humano con el cerebro a medio evolucionar. Se trata del "niño de papá", muy fecuente en el ámbito empresarial y en los lugares de recreo y ocio aptos sólo para bolsillos adinerados.
Este ejemplar humano basa su concepción del mundo en dos factores que están íntimamente ligados entre sí: el dinero y las apariencias. Partiendo de estos sólidos cimientos, estructura sus relaciones sociales, limitando las mismas a aquellas personas que tienen dinero y hacen ostentación constante de dicha posesión. Se puede, decir, por tanto, que salen a pastar en manada, y nunca se separan de su grupo, que es fácilmente reconocible por llevar chaqueta en casi todas las ocasiones aunque la temperatura ambiente sea de 40 ºC a la sombra, o bien sustituirla, en ocasiones que exijan ir de "sport", por un polo con un cocodrilo o un caballo en el pecho (no se admite la misma prenda, de igual o superior calidad y/o menor precio, si no lleva tales iconos de la manada) y naúticos, porque, como todo el mundo sabe, no hay nada más deportivo que unos zapatos "naúticos". También se admite pantalón corto y jersey (con cocodrilo o caballo, por supuesto) sobre los hombros, porque también es sabido por todos que sin jersey sobre los hombros no se es nadie, se pierde la apariencia, máxima principal del "niño de papá".
Pasemos, pues, a analizar su evolución vital. El "niño de papá" ha ido siempre a colegios de pago, institutos de pago y universidades de pago, por lo que no sólo nunca ha dependido de unas notas brillantes que le permitieran optar a una beca del Estado, sino que, además, ha ido aprobando asignaturas a golpe de talonario, previo soborno a los directores de las respectivas instituciones educativas. Coloquialmente, podríamos decir que se trata de un cazurro con títulos, que jamás ha puesto el más mínimo interés en aprender, consciente de que le esperaba un resplandeciente puesto de directivo en la empresa de papá.
En este orden de cosas, el primer empleo que desempeña el "niño de papá" es el de jefe, saltándose los 24.560 peldaños de la jerarquía empresarial, el sueldo de 600 € con promesas de aumentos que nunca llegan, y las agotadoras tareas de "chico para todo" que hacen que la jornada laboral dure aproximadamente 16 horas al día.
Una de las principales funciones que desempeña en su nueva vida el "niño de papá" es la del desayuno. Su jornada, que comienza no antes de las once de la mañana, se inicia con una pantaleónico desayuno de una hora en la cafetería más cercana. Entre tostada y tostada, aprovecha su valioso tiempo para hablar con Borja y concretar el próximo encuentro para jugar al golf, y con Nacho, cuyo nuevo coche ha elevado su autoestima hasta las nubes más altas de la atmósfera. Después se dirige, con el paso seguro (en realidad, pesado) de quien ha llenado su estómago al límite de su capacidad, a su despacho (más grande que la casa de la mayoría de sus empleados) a escribir unos e-mails, mirarse las uñas y dar algunas órdenes aleatorias a sus empleados. La relación jefe-empleado que se desarrolla entonces merecería un capítulo aparte, pero, a grandes rasgos, cabe señalar que el "niño de papá" reconvertido en jefe no suele tener idea de lo que está hablando, ni sería capaz de desempeñar ninguna de la tareas de sus empleados debido a su salto cuasi-olímpico en el escalafón empresarial. Por ello, en este momento se producen fallos, malentendidos y errores en la comunicación que pueden acabar con los huesos de algún empleado en la cola del paro. Por su puesto, el pseudo-jefe no conoce el significado de expresiones populares como "hipoteca a cuarenta años", "llegar a fin de mes", etc., así que firma despidos con la misma laegría con la que firmaría autógrafos.
Por otro lado, el "niño de papá" siempre forma parte de algún club social. Los científicos atribuyen este comportamiento a la creencia, largamente extendida entre su especie, de que la personalidad y la dignidad viene envuelta como regalo con la tarjeta de socio de este tipo de clubes.
A día de hoy, sorprende el ostracismo y el intacto estado de conservación de las costumbres de su especie, que defienden a capa y espada con grandes dosis de orgullo, soberbia y discriminación, así como con el uso excesivo de la billetera y la utilización casi nula de sus cerebros.
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El técnico de Sevillana quiso ir a revisar los contadores el viernes pasado. Tenía el mismo horario que yo, así que no me quedaba más remedio que pedirle una hora libre a mi jefe para ir a casa. Estaba dispuesta a preguntárselo tan pronto como entrara por la puerta de la oficina, pero justo en ese momento, cuando vi la palidez de cera de su rostro, me acordé de un pequeño detalle: venía de hacerse una prueba médica un tanto delicada. Y claro, qué favor vas a pedirle a un tipo al que le acaban de meter un tubo por el culo. ¡Ninguno! Automáticamente, retocedí sobre mis pasos como si nunca me hubiera planteado pedirle algo y volví a mi silla. Para mí, que la palabra valentía es sinónimo de cruzarse por el pasillo con la suegra en plena noche, la posibilidad de dirigirle la palabra a mi jefe en esos instantes había quedado absolutamente descartada. Yo, que, tan pronto apuro el acelerador para cruzar un semáforo en ámbar, me siento McGiver y me imagino perseguida por decenas de coches de la guardia civil, el director general de la Red de Carreteras Españolas, un centenar de radares y mi madre blandiendo al viento una zapatilla, no pude más que llamar al de Sevillana y anular la cita.
Llamarme cobarde, si queréis, pero qué le vas a preguntar a un tío que tiene tantos gases que su estómago ha quedado convertido en una bomba termodinámica, a alguien que debería llevar una etiqueta colgada del culo donde se lea: "Altamente inflamable. No acercar a focos de calor. No agitar. Manténgase fuera del alcance de sus empleados". Nada. Y eso hice: nada. Simplemente consultar su agenda médica para los próximos días y esperar que hoy lunes no invadieran el cuerpo de este pobre señor con ningún objeto extraño no identificado.
Por cierto, me marcho dentro de un rato: he quedado con el técnico de Sevillana a la una y media.
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Últimamente me sorprendo con la cantidad de spams que tengo que borrar todas las mañanas al llegar a la oficina. Normalmente los borro sin más, sin fijarme en lo que pone, pues básicamente son monotemáticos y no van más allá de la venta de Rollers o viagra. Esto se ve apoyado por el hecho de que no conozco a ninguna Samantha Suárez, Rosa Kensingston, John Key, etc., etc.
No obstante, esta mañana, uno de los asuntos de estos variados e-mails ha saltado directamente de la pantalla del ordenador a mis sensibles retinas:
My boyfriend's phallus is too big for my mout.
¡Qué maravillosa construcción sintáctica! ¡Qué delicadeza semántica! ¡Qué sensibilidad lingüístico-estética! ¡Qué universo simbólico!...
¡Qué ordinariez!
Rehuso leer el cuerpo del mensaje y mejor me pongo a fantasear:
¿Qué quieren decirme con eso? ¿Qué quieren venderme?
Ah, ya sé: un acelerador de partículas ultrasónico que reduce el tamaño de las cosas. Fácil, rápido e indoloro, como las píldoras de Alicia en el país de las maravillas. ¿Que no sabes dónde aparcar el coche? Acelerador de partículas y el coche, en el bolsillo de los vaqueros. ¿Que tu jefe te molesta? Acelerador de partículas y su vocecilla, convertida en un aliento imperceptible. ¿Que el mundo se pone en tu contra? Acelerador de partículas y el mundo, en la palma de tu mano...
¡Qué hallazgo! Ya estoy tardando en pinchar el link que amable y desinteresadamente me indica el spam.
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Enviado el miércoles 29 de agosto de 2007 a las 14:28 h:
Estimado Arturo:
Te concedo la tarde libre. He hablado con todos los teatros para que cesen su vida cultural en favor de tu vida personal, así que para mañana la gacetilla será igual a la publicada hoy.
Que sí, que sí, que ya sé que tienes que picar un montón de carteleras y que no ibas a tener la tarde libre de todas formas!
Recibido el miércoles 29 de agosto de 2007 a las 14:34 h:
Ja, ja, ja, ja... me has leido el pensamiento con 5 minutos de antelación!!!
"Que sí, que sí, que ya sé que tienes que picar un montón de
carteleras y que no ibas a tener la tarde libre de todas formas!"
Eres Dios? Ya se que es una pregunta muy personal, no respondas si no
quieres. Yo de todas formas te rezaré todas las noches, si no te
importa...
Muchas gracias!!!
Enviado el jueves 30 de agosto de 2007 a las 13:26 h:
Hola, Arturo:
En primer lugar, gracias por rezarme anoche. Oí atentamente todas tus súplicas y te las responderé en el mismo orden que las formulaste:
1. Sí, eso está hecho.
2. Ni de coña. ¿te crees que eres el único en el mundo?
3. No, eso es pecado y además es ilegal.
4. Depende de cómo te portes este año.
5. Deberías hablarlo primero con tu novia.
6. San Pedro se va a enfadar si te lo concedo.
7. Hecho: no tienes que modificar las gacetillas.
8. Te picarán cuando vuelvan a salirte.
Hasta mañana, hijo mío. Estaré atenta por si quieres decirme alguna otra cosilla hoy, ¡pero no seas tan pedigüeño!
Recibido el jueves 30 de agosto de 2007 a las 13:31 h:
Muchas gracias!!! Sobre todo por concederme la nº1, es la más
importante porque ahora con la casa, los muebles... Esta noche te digo
el número de cuenta al que me lo tienes que ingresar.
Y ya negociaremos algunas de las que me has dejado con la duda.
Gracias y hasta esta noche!
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