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La Coctelera

me bajo en la próxima

Categoría: Cuentos chinos

19 Mayo 2008

Relato inacabado

Estoy en el trabajo y me pica un bicho. Al principio me resisto a la tentación hormigueante de rascarme la picadura, pero al final termino frotándola arriba y abajo con las uñas, y cuanto más me rasco, más grande se hace y más me pica. Cuando ya no puedo soportar el escozor, abro el Word y comienzo a escribir con un tamaño de fuente de siete puntos, para que nadie pueda saber si escribo los Episodios Nacionales o un Informe de Ejecución, a menos que tenga visión ultrasónica. Que yo sepa por aquí todavía no anda ningún superhéroe, si tenemos en cuenta que el talento de hacer la pelota al jefe sin sufrir un acceso de arcadas es común a muchos mortales, así que me concentro y escribo tranquila. El bicho ha cumplido bien su misión, me ha inyectado la dosis exacta de veneno para que el relato baje sin cesar todos los peldaños de la página en blanco hasta llegar el suelo y salir corriendo, precipitándose al punto final. Para entonces el bicho aletea loco sobre mi cabeza, zumbando escandalosamente. Las últimas palabras del cuento me han hechizado en su carrera precipitada y no soy capaz de atisbar que mi jefe se acerca peligrosamente con una mano abierta, la vista sobre las alas y el pulso firme.

¡Zas! Ha matado al bicho. Ahora es imposible terminar el relato.

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7 Mayo 2008

Pacto secreto

Nos citaremos en la frontera. Iremos sin pasaportes, libres de impuestos y aranceles. La línea imaginaria que nos separa se diluirá ante el primer contacto, sin necesidad de largas negociaciones bilaterales, sin tratados internacionales, sin jueces, sin naciones amigas, sin testigos, sin compensaciones ni contracompensaciones. No precisaremos de traductores. Me hablarás en una lengua que desconozco y, sin embargo, entenderé cada detalle de tu discurso. Me convencerás y te convenceré. Tras nuestro acuerdo, caerán, descoloridas, las banderas que nos arropan sobre esa firme tierra de nadie recién estrenada.

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6 Mayo 2008

Cuando las ranas críen pelo

Supongamos que la comunidad científica da con la fórmula exacta de un crecepelos infalible para ranas… ¿habría entonces más posibilidades para lo imposible?

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28 Abril 2008

Tres consejos para viajar en autobús

Antes de tener coche, era una habitual de los autobuses. Como mínimo cogía cuatro al día, de modo que, durante los años que se mantuvo esta situación, llegué a ser una auténtica experta en todos aquellos pormenores que gobiernan la vida de este tipo de transporte colectivo. Lo primero que se ha de saber es que todos los usuarios odiarán, sobre todas las cosas, a los estudiantes con mochila. Cuanto más abultada sea la mochila, mayor será el odio que genere. Con el tiempo, y a base de resoplidos y empujones de mis compañeros de destino, aprendí a ocultar este apéndice entre mis pies o contra el cristal de la ventanilla, para que jamás entrara en contacto con la impaciencia de un desconocido inmisericorde. La segunda lección que aprendí fue que los autobuses obran milagros en las piernas de los usuarios de la tercera edad, pasando del bastón y el tembleque a la velocidad de la luz tan pronto como divisan un asiento vacío. Atención, usuarios actuales, no intentéis nunca disputarle un asiento a un anciano porque perderéis siempre y además no dudará en usar el bastón como arma arrojadiza. En tercer y último lugar, pongo en conocimiento del interés público la evidencia de que cuando sólo hay un asiento libre en todo el autobús y varias personas permanecen en pie, hay un motivo de peso para ello, llámese olor corporal disparatado, psicopatía o verborrea y alitosis (un cóctel explosivo). Por tanto, triste usuario despistadillo, haz de tu verticalidad tu estandarte y no te sientes en todo lo que resta de viaje. Tu nariz, tu salud mental y tu integridad física te lo agradecerán.

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5 Febrero 2008

Contrastando información

¿Acaso el vigor de tus músculos, la tensión de tus nervios, el arrojo de tu sangre y la potencia de tus brazos no son comparables con tu pelo, querido Sansón?

Tags: dalila, dalila

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4 Febrero 2008

¡Que viene el lobo!

Hace algunas décadas, cuando el campo aún era el protagonista en la vida de los hombres, los lobos representaban una gran amenaza para su subsistencia. Las gallinas amanecían entonces despanzurradas, las ovejas no tenían descanso, no había cuento que se preciara sin un auténtico y temible lobo feroz y sus aullidos habitaban las pesadillas de los niños en las noches de luna llena.

Parece lógico, por tanto, que en aquel tiempo las madres intentaran atajar las diminutas fechorías de sus angelitos con frases como: "No hagas eso que viene el lobo". Automáticamente el pequeño malhechor podía imaginarse vívidamente sufriendo el mismo destino que alguna de sus desdichadas gallinas y dejaba de hacer eso que tanto incordiaba a su madre.

Sin embargo, hoy en día, los bosques, si los hay, quedan muy lejos del lugar donde se desarrolla la vida de los hombres, los niños temen más a los mutantes espaciales que a cualquier forma de vida terrícola y en el silencio de sus noches apenas puede escucharse un coche que derrapa o la pelea de los vecinos del cuarto piso. Y aun así, contra todo pronóstico, las madres siguen usando la misma amenaza de siempre: "No hagas eso que viene el lobo". El resultado, no obstante, ha dejado de ser el mismo porque, tan pronto como el niño escucha la frase en cuestión, comienza a darle vueltas: "¿Me estás diciendo, mamá, que un lobo que no me conoce de nada va a dejar todo lo que está haciendo (con los problemas que tienen los lobos de ahora), va a cruzar media España corriendo, va a subir por la A-49, con el atasco que hay, y se va a presentar en la Avenida Juan Carlos I antes de la hora de la merienda (porque después anochece y nos vamos a casa) porque me he subido a un poyete? ¿Es eso? Pues no lo entiendo, mamá. No lo entiendo".

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14 Diciembre 2007

¡He vuelto!

Ayer por la tarde entregué el trabajo, así que vuelvo a ser libre. Bueno, no puedo hacer lo que me dé la gana, como desaparcer sin más, porque el banco me buscaría hasta en los confines del mundo. Supongo que será porque las hipotecas son como el primer amor: nunca se olvidan.

De todas formas, lo importante es que ya dispongo de más tiempo para poder coctelear y hacer vida social, lo cual no significa que esté invitada a las famosas fiestas del embajador con sus bandejas repletas de bombones en forma de pirámide, sino que al menos podré ver la cara de Ale en movimiento y no mirándome desde una foto con expresión de novio abandonado.

Ale es el novio que siempre quise tener, pero nunca supe en qué tienda podía comprarlo, hasta ese día en que me quedé viendo la tele por la noche y comenzó la teletienda. Ahí estaba él, entre un anuncio de cuchillos para cortar jamón que también servían para trocear tornillos (dos actividades íntimamente ligadas, como todo el mundo sabe) y la fregona de pelo salvaje de heavies de los ochenta. Anunciaban que estaba disponible en dos modelos, uno muy comprensivo pero un poco apocado y otro más vital y egocéntrico, a gusto del consumidor. No me lo pensé dos veces y, tras cinco horas colgada de un 902, proporcionar todos los números de mis tarjetas y prometer que al día siguiente les incluiría en mi testamento, la compra estaba realizada.Antes de colgar, me informaron de que el modelo comprensivo llegaría en quince días.

Tres años más tarde, Ale llegó a casa dentro de una caja de cartón, envuelto en un plástico de burbujas que desdibujaban sus facciones. Sólo cuando lo desenvolví completamente pude ver que se trataba del ejemplar masculino más imponente del mercado. Traía todos los extras: uñas perfectamente cortadas, pestañas naturales... incluso las muelas de juicio. El único desperfecto que le encontré era un pequeño bultito en la cabeza que sólo se notaba al tacto y quedaba perfectamente escondido por su maravilloso pelo rubio. Me explicó que se debía a una pedrada que le dieron cuando era pequeño y decidí pasarlo por alto; todos tenemos un pasado.

Un par de semanas más tarde, me llamaron los de la teletienda para comunicarme que se había producido un gran error: en el taller de montaje habían mezclado las piezas de los dos modelos disponibles, así que me habían enviado un insólito ejemplar de novio comprensivo y vitalista que jamás antes se había fabricado. Al no haberse testado, no podían ofrecerme una garantía de su buen funcionamiento, por lo que pensaban que lo más acertado sería descambiármelo por otro modelo.

Sin embargo, a esas alturas yo ya no quería otro modelo, y, además, siempre me había gustado lo raro, así que terminé quedándomelo. Hoy hace dos años y siete meses desde entonces, y aunque nadie me sellara la garantía, me da igual. Yo sé que funciona y eso es lo importante.

Tags: compras, ale, garantia

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20 Noviembre 2007

Diálogo con Windows

-¿Confirma que desea enviar este elemento a la papelera de reciclaje?
-Pues eso creía... hasta que me lo has preguntado.

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Sobre mí

Me equivoco constantemente y tropiezo muchas veces con la misma piedra... ¿Quién ha puesto ahí esa maldita piedra? Quizás los rodeos no estén tan mal.

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