Los cambios casi nunca suelen darse de forma brusca. Lo verdaderamente súbito, violento, es el modo en que nos damos cuenta de que se han producido. De repente, me encuentro en la cafetería del barrio con los amigos de siempre y contemplo, en las mesas aledañas, a los compañeros del colegio lidiando con sus hijos, intercambiando biberones y consejos sobre toallitas higiénicas. Las antiguas melenas heavies se han tornado grises y los agudos más metálicos ya no proceden de la radio sustraída a hurtadillas a algún hermano mayor, sino de los férreos berridos de sus vástagos. En mi propia mesa, observo la abultada barriga de Sonia y me sorprendo. Entre sorbo y sorbo, voy cazando conversaciones sobre posibles nombres para el bebé, ecografías y cunas de Ikea.
Sin ir más lejos, hoy el calendario me revela que han pasado tres años desde que Ale y yo comenzamos a salir contra todo pronóstico y a pesar de aquella declaración extraña en el portal de mi casa. Aquella noche, a Ale se le debieron trabar las ideas y al final terminó hablándome de sentimientos raros y sensaciones anómalas, de tal modo que más que de amor, pensé que me hablaba de fenómenos paranormales. Afortunadamente, el entuerto se deshizo justo a tiempo para darle un beso discreto antes de desaparecer por la puerta del ascensor. Parece que al final nos hemos entendido.
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Aprovecho el trazo recto de tus calles para arremolinarme en las esquinas y sorprender a los visitantes extranjeros con vientos inusitadamente fríos.
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¿Por qué te empeñas en hacerme una ruta turística si cuanto quiero es perderme por tus calles?
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Ayer por la tarde entregué el trabajo, así que vuelvo a ser libre. Bueno, no puedo hacer lo que me dé la gana, como desaparcer sin más, porque el banco me buscaría hasta en los confines del mundo. Supongo que será porque las hipotecas son como el primer amor: nunca se olvidan.
De todas formas, lo importante es que ya dispongo de más tiempo para poder coctelear y hacer vida social, lo cual no significa que esté invitada a las famosas fiestas del embajador con sus bandejas repletas de bombones en forma de pirámide, sino que al menos podré ver la cara de Ale en movimiento y no mirándome desde una foto con expresión de novio abandonado.
Ale es el novio que siempre quise tener, pero nunca supe en qué tienda podía comprarlo, hasta ese día en que me quedé viendo la tele por la noche y comenzó la teletienda. Ahí estaba él, entre un anuncio de cuchillos para cortar jamón que también servían para trocear tornillos (dos actividades íntimamente ligadas, como todo el mundo sabe) y la fregona de pelo salvaje de heavies de los ochenta. Anunciaban que estaba disponible en dos modelos, uno muy comprensivo pero un poco apocado y otro más vital y egocéntrico, a gusto del consumidor. No me lo pensé dos veces y, tras cinco horas colgada de un 902, proporcionar todos los números de mis tarjetas y prometer que al día siguiente les incluiría en mi testamento, la compra estaba realizada.Antes de colgar, me informaron de que el modelo comprensivo llegaría en quince días.
Tres años más tarde, Ale llegó a casa dentro de una caja de cartón, envuelto en un plástico de burbujas que desdibujaban sus facciones. Sólo cuando lo desenvolví completamente pude ver que se trataba del ejemplar masculino más imponente del mercado. Traía todos los extras: uñas perfectamente cortadas, pestañas naturales... incluso las muelas de juicio. El único desperfecto que le encontré era un pequeño bultito en la cabeza que sólo se notaba al tacto y quedaba perfectamente escondido por su maravilloso pelo rubio. Me explicó que se debía a una pedrada que le dieron cuando era pequeño y decidí pasarlo por alto; todos tenemos un pasado.
Un par de semanas más tarde, me llamaron los de la teletienda para comunicarme que se había producido un gran error: en el taller de montaje habían mezclado las piezas de los dos modelos disponibles, así que me habían enviado un insólito ejemplar de novio comprensivo y vitalista que jamás antes se había fabricado. Al no haberse testado, no podían ofrecerme una garantía de su buen funcionamiento, por lo que pensaban que lo más acertado sería descambiármelo por otro modelo.
Sin embargo, a esas alturas yo ya no quería otro modelo, y, además, siempre me había gustado lo raro, así que terminé quedándomelo. Hoy hace dos años y siete meses desde entonces, y aunque nadie me sellara la garantía, me da igual. Yo sé que funciona y eso es lo importante.
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Voy un poco tarde para el tema semanal de La Coctelera, pero allá va:
Si por un día pudiera ser culaquier otra persona en el mundo, ¿quién sería?
El primer problema que me plantea esta pregunta es el de la elección, pues nunca he tenido un referente único que me convenciera en todas sus vertientes, así que, con el paso de los años, me he ido limitando a observar actitudes y a apreciarlas por sí mismas, independientemente de sus dueños. Por ello, mi persona ideal no existe, es un collage plural que he ido configurando poco a poco entre la multitud de seres que habitan este planeta:
-Juan Luis, por su mente preclara, su sentido práctico de la vida y su capacidad de simplicación. Para este niño de año y medio, hoy por hoy, todo es una pelota. Apenas intuye una forma circular, concluye sabiamente quese trata de una pelota, así que para qué vamos a complicarnos con astros, frutas, botones, cuentas de collares, legumbres,...
-Celestino, el quiosquero más popular del barrio, por su olfato para los negocios y por su espíritu empresarial; por haber construido un imperio en cuatro m2; por estar siempre atento a las últimas modas en golosinas; por sospechar que, comerciando con medias de espuma, briks de leche, aspirinas sueltas y tabaco de contrabando, ganaría un público mucho más amplio; por hacer que nos gastemos siempre más dinero del que teníamos pensado;y porque, aun siendo responsable de las caries de más de la mitad de los que viven en el barrio y, por ende, la adoración de los dentistas, nunca falta entre los invitados de bautizos, bodas y comuniones.
-Mi madre, por su constancia y tenacidad, porque ha seguido bajando la basura en zapatillas de andar por casa, año tras año, a pesar de las advertencias sobre estética de la familia y de las miradas inquidoras de las vecinas tras los visillos del salón. Bravo, mamá, con un par de ovarios, tarde o temprano lo convertirás en una moda.
-Wero, el perro de Esperanza y José Carlos, por su habilidad para cazar las oportunidades al vuelo, porque cuando viene alguien a verle, antes de saltar a saludarle, decide coger un juguete por si tuviera la suerte de que esa persona quisiera jugar con él. Eso es aprovechar las oportunidades que te da la vida y lo demás son tonterías.
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Hoy ha vuelto mi compañera Mª José de las vacaciones, y, aunque lo siento por ella, en parte me alegro, que para eso es mi compañera de fatigas (y más que de fatigas, de arcadas y vomitonas porque... ¡cuánto trabajito!).
Mª José es de esas personas a las que admiro porque sé que nunca podré parecerme a ellas. Yo, que soy un libro abierto, incapaz de ser simpática sin dar datos personales, sin pasar hoja tras hoja hasta llegar al fin, me quedo maravillada ante lo cercana que puede resultar tan sólo con lavisión de sus tapas. Yo, que de tanto arrimarmevivo al borde del precipicio, alucino con la enorme perosútil distancia que la separa del vacío. Yo, que siempre termino quemándome, observo entusiasmada sus manos lejos del fuego.
Y, sin embargo, con lo que más disfruto es con que siempre la encuentro dispuesta a pasarme las páginas, a rescatarme del precipicio y alejarme del fuego. ¡Bienvenida, compañera!
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