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Terra
La Coctelera

El reencuentro

Hace tiempo encontré una pelusa triste detrás de una puerta.

-Han pasado muchos años -musitó emocionada al ver la escoba.

 

 

Estafas inmobiliarias

¿A qué constructora se reclama cuando, pensando que estabas hecho de un material, descubres que estás hecho de otro?

Reposición

Todo lo que duele hace eco...

Eco...

Eco...

Eco...

Cura de fobias

¿Qué haces volviendo al bosque, Caperucita? ¿Acaso ya no temes a los lobos?

De congelados y fotos

Si Hemingway, mirando el horizonte desde una playa del caribe, se imaginaba a un viejo pescador hermanado con un gran pez en una lucha fratricida por la vida... ¿Qué hubiera pensado al ir a Mercadona un sábado por la tarde? ¿Qué maravilloso paralelismo podría haber construido mirando los ojillos turbios del pescado congelado? ¿Qué metáfora habría ideado consultando la cuenta bancaria de un pensionista? Afortunadamente, nunca lo sabremos.
Otra cuestión es la de Oscar Wilde. ¿Sabemos qué ficción habría construido en la era de la fotografía digital? El majestuoso retrato del pecador redomado señor Dorian Gray carecería de sentido. ¿Para qué va a reflejar un retrato la evolución y deterioro moral de una persona, saltándose todas las leyes de la física y de la lógica? ¡Para ello tenemos las cámaras de 12 píxeles con una capacidad de almacenaje de miles y miles de fotos! Eso sí, la obra habría sido mucho menos impactante y la gran moraleja final se habría visto reducida a una mera anécdota. ¡Lo que nos habríamos perdido!

Mudanza

Yo, que soy muy lunática, no te veo demasiado marciano... ¿Estás seguro de que quieres que vivamos lejos de la Tierra?

En defensa propia

 

¿Miradas asesinas? Indiferencia homicida y ¡libertad sin cargos!

Grandes calabazas

Me llevó al edificio más alto de la ciudad para ganar intimidad a base de distancia vertical. Allí compartimos secretos con las nubes y se apagaron el resto de las voces. Hablamos bajito, abrumados por ese silencio celeste. Todo se hizo pequeño. Vimos transitar los coches como granos de arroz en un tablero de mesa;  desde arriba, los que caminaban por la urbe se volvieron cabezas de alfiler; y los demás edificios parecían vulnerables cajas de cartón llenas de agujeros ínfimos por donde asomaban más cabezas de alfiler. 

Me miró con sus ojos enormes y, en el abrazo más grande que pudo existir, me abrió su corazón, enorme, simple, tierno. Justo en ese momento, supe que tenía que hablar:

Te aprecio muchísimo, pero ambos sabemos que esto nunca funcionaría: jamás podré ignorar que tienes cara de mono. Te ruego que me bajes de aquí cuanto antes, tengo cita en la peluquería a las cinco. ¿No creerías que soy rubia natural, verdad? Lo siento, KIng Kong. Espero que podamos ser amigos.


Verá, agente, cuando nos despedimos en la puerta de la peluquería, parecía haberlo entendido todo. No imaginaba que se lo tomaría tan mal como para arrasar media ciudad.

Es un salvaje, tienen que devolverlo a la selva de donde salió.