19 Mayo 2008
Estoy en el trabajo y me pica un bicho. Al principio me resisto a la tentación hormigueante de rascarme la picadura, pero al final termino frotándola arriba y abajo con las uñas, y cuanto más me rasco, más grande se hace y más me pica. Cuando ya no puedo soportar el escozor, abro el Word y comienzo a escribir con un tamaño de fuente de siete puntos, para que nadie pueda saber si escribo los Episodios Nacionales o un Informe de Ejecución, a menos que tenga visión ultrasónica. Que yo sepa por aquí todavía no anda ningún superhéroe, si tenemos en cuenta que el talento de hacer la pelota al jefe sin sufrir un acceso de arcadas es común a muchos mortales, así que me concentro y escribo tranquila. El bicho ha cumplido bien su misión, me ha inyectado la dosis exacta de veneno para que el relato baje sin cesar todos los peldaños de la página en blanco hasta llegar el suelo y salir corriendo, precipitándose al punto final. Para entonces el bicho aletea loco sobre mi cabeza, zumbando escandalosamente. Las últimas palabras del cuento me han hechizado en su carrera precipitada y no soy capaz de atisbar que mi jefe se acerca peligrosamente con una mano abierta, la vista sobre las alas y el pulso firme.
¡Zas! Ha matado al bicho. Ahora es imposible terminar el relato.
servido por mebajoenlaproxima
5 comentarios
compártelo
14 Mayo 2008
Los cambios casi nunca suelen darse de forma brusca. Lo verdaderamente súbito, violento, es el modo en que nos damos cuenta de que se han producido. De repente, me encuentro en la cafetería del barrio con los amigos de siempre y contemplo, en las mesas aledañas, a los compañeros del colegio lidiando con sus hijos, intercambiando biberones y consejos sobre toallitas higiénicas. Las antiguas melenas heavies se han tornado grises y los agudos más metálicos ya no proceden de la radio sustraída a hurtadillas a algún hermano mayor, sino de los férreos berridos de sus vástagos. En mi propia mesa, observo la abultada barriga de Sonia y me sorprendo. Entre sorbo y sorbo, voy cazando conversaciones sobre posibles nombres para el bebé, ecografías y cunas de Ikea.
Sin ir más lejos, hoy el calendario me revela que han pasado tres años desde que Ale y yo comenzamos a salir contra todo pronóstico y a pesar de aquella declaración extraña en el portal de mi casa. Aquella noche, a Ale se le debieron trabar las ideas y al final terminó hablándome de sentimientos raros y sensaciones anómalas, de tal modo que más que de amor, pensé que me hablaba de fenómenos paranormales. Afortunadamente, el entuerto se deshizo justo a tiempo para darle un beso discreto antes de desaparecer por la puerta del ascensor. Parece que al final nos hemos entendido.
servido por mebajoenlaproxima
6 comentarios
compártelo
12 Mayo 2008
Ir a la oficina supone una lucha diaria contra el atasco. Tan pronto como consigo entrar en la autopista, a base de ruegos y súplicas lanzadas desde el carril de aceleración (convertido, durante un día más, en carril de estancamiento), me enfrento a la terrible visión del alquitrán serpenteante plagado de coches, plagado de personas, plagado de impaciencias y miradas compulsivas al reloj del salpicadero. Esto, que suele ser un hecho que asumo estoicamente antes de salir de casa, se convierte en una auténtica pesadilla durante una semana al año: el Rocío. A lo largo de siete días, la ciudad y sus autopistas aledañas quedan suspendidas por el paso de las carretas, los bueyes, el alcohol y las sevillanas. Una inmensa mayoría de trabajadores ven alterados sus horarios y rutas en pro de la diversión de unos pocos ociosos que reventarían cualquier medidor etílico a cualquier hora del día y de la noche. Cada año, hordas de peregrinos, muchos de ellos concebidos en el famoso “polvo del camino”, renuevan su devoción a la Virgen a golpe de copiosas comidas, palmas, guitarras y litros interminables de alcohol. Tan pronto cantan como lloran, se santiguan como se emborrachan, se arrodillan como bailan. Lejos quedan los tiempos en los que los primeros cristianos recibieron el primer mandamiento: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:3), y el segundo: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy JEHOVÁ tu Dios fuerte, celoso" (Éxodo 20:4-5). De esta manera, se proscribía la creación, tenencia y adoración de imágenes. Posteriormente, la iglesia católico-romana obviaría por completo el segundo mandamiento, y, para acomodar numéricamente el decálogo, dividió el décimo mandamiento en dos.
Intentando paliar la condenación impuesta por la Biblia a la idolatría, la Iglesia católica arguyó la distinción semántica entre latría (adoración ofrecida exclusivamente a Dios) y dulía o hiperdulíua (veneración a los ángeles y a los santos o a la Virgen, respectivamente). No obstante, estos grados quedan totalmente desdibujados cuando vemos a los fieles, borrachos de fe, haciendo genuflexiones, persignándose, haciendo reverencias, encorvándose, arrodillándose, besando y abrazando a las imágenes, prendiéndoles velas, suplicando, adornándolas con flores, ofreciendo misas y penitencias, reservando fiestas de guardar en el calendario, colgándoselas sobre el pecho, sacándolas a hombros por las calles… y discutiendo por la belleza de unas tallas frente a otras, como si representaran divinidades diferentes, como si hubiera tantas Vírgenes como esculturas representativas, con la pasión binomial, simplista y desgarrada de un Sevilla-Betis.
servido por mebajoenlaproxima
5 comentarios
compártelo
7 Mayo 2008
Nos citaremos en la frontera. Iremos sin pasaportes, libres de impuestos y aranceles. La línea imaginaria que nos separa se diluirá ante el primer contacto, sin necesidad de largas negociaciones bilaterales, sin tratados internacionales, sin jueces, sin naciones amigas, sin testigos, sin compensaciones ni contracompensaciones. No precisaremos de traductores. Me hablarás en una lengua que desconozco y, sin embargo, entenderé cada detalle de tu discurso. Me convencerás y te convenceré. Tras nuestro acuerdo, caerán, descoloridas, las banderas que nos arropan sobre esa firme tierra de nadie recién estrenada.
servido por mebajoenlaproxima
sin comentarios
compártelo
6 Mayo 2008
Supongamos que la comunidad científica da con la fórmula exacta de un crecepelos infalible para ranas… ¿habría entonces más posibilidades para lo imposible?
servido por mebajoenlaproxima
4 comentarios
compártelo
5 Mayo 2008
La agenda se despliega ante mí blanca, salvajemente blanca. Me niego a emborronarla con una lista de tareas que no me pertenecen, que no tienen nada que ver con mi vida, con mis necesidades, con mis gustos. La página en blanco es el terreno yermo del tiempo que vendo a mi jefe, tierra baldía donde sólo nacen hilos de tinta azul. Y sí, odio los lunes.
servido por mebajoenlaproxima
3 comentarios
compártelo
28 Abril 2008
Antes de tener coche, era una habitual de los autobuses. Como mínimo cogía cuatro al día, de modo que, durante los años que se mantuvo esta situación, llegué a ser una auténtica experta en todos aquellos pormenores que gobiernan la vida de este tipo de transporte colectivo. Lo primero que se ha de saber es que todos los usuarios odiarán, sobre todas las cosas, a los estudiantes con mochila. Cuanto más abultada sea la mochila, mayor será el odio que genere. Con el tiempo, y a base de resoplidos y empujones de mis compañeros de destino, aprendí a ocultar este apéndice entre mis pies o contra el cristal de la ventanilla, para que jamás entrara en contacto con la impaciencia de un desconocido inmisericorde. La segunda lección que aprendí fue que los autobuses obran milagros en las piernas de los usuarios de la tercera edad, pasando del bastón y el tembleque a la velocidad de la luz tan pronto como divisan un asiento vacío. Atención, usuarios actuales, no intentéis nunca disputarle un asiento a un anciano porque perderéis siempre y además no dudará en usar el bastón como arma arrojadiza. En tercer y último lugar, pongo en conocimiento del interés público la evidencia de que cuando sólo hay un asiento libre en todo el autobús y varias personas permanecen en pie, hay un motivo de peso para ello, llámese olor corporal disparatado, psicopatía o verborrea y alitosis (un cóctel explosivo). Por tanto, triste usuario despistadillo, haz de tu verticalidad tu estandarte y no te sientes en todo lo que resta de viaje. Tu nariz, tu salud mental y tu integridad física te lo agradecerán.
servido por mebajoenlaproxima
1 comentario
compártelo
24 Abril 2008
Ha pasado tanto tiempo que no sé si estreno coctelera en lugar de retomarla. El trabajo me ha tenido sumida en un submundo en el que a los relojes parecían faltarles la mitad de las horas y las agujas corrían por la esfera, azuzadas por la impaciencia de mi jefe, casi tan rápido como yo. No quiero tentar la mala suerte, pero parece que la racha ya ha pasado. Se aproximan brisas suaves y pienso dejarme adormecer sin preocuparme de ser sacudida por algún temporal traicionero. Lástima que el vendaval se haya llevado mis 27 años de un soplo violento y certero. Ahora, de repente, me doy cuenta de que hace ya un mes que cumplí los 28 años. Si no hubiera sido por los regalos y un almuerzo improvisado, todavía estaría diciendo que tengo 27. Creo que, en ese caso, sería la persona más joven en comenzar a mentir sobre su edad. ¿Cómo se llama eso? ¿Mentirosa prematura?
servido por mebajoenlaproxima
3 comentarios
compártelo